Taller redescubriendo saberes. Vereda Vericute, Floridablanca

19.02.2025

Este apartado corresponde al primer taller realizado en el marco de la intervención planteada por la practicante Erika Quintero, denominado redescubriendo saberes, realizado en conjunto con la practicante de nutrición Alejandra 

En este taller fui con Ricardo Meneses, la practicante de nutrición Alejandra, el nuevo conductor Brayan y Ricardo Eslava. Salimos de la corporación como a las 7 de la mañana porque el lugar donde íbamos quedaba bastante cerca de la ciudad.

De camino a Vericute, recogimos a tres mujeres y al esposo de una de ellas, además de algunas cosas que necesitábamos para el almuerzo. Cuando llegamos a su casa, me recibieron con mucha emoción, diciéndome lo felices que estaban de vernos y de volver a verme este año. Me di cuenta de que la gente ya me tiene más confianza, me saludaban con más cercanía y me hablaban con más familiaridad, lo cual me hizo sentir muy bien.

Cuando llegamos a la finca de la señora María Eugenia, donde se iba a hacer el taller, ya había unas 10 personas esperando. Además, notamos que había gente nueva, y lo curioso fue que muchos llegaron bastante temprano


Después de saludar a todos, nos acomodamos para desayunar. Algo que me llamó la atención de inmediato fue la cantidad de animales que tenía la señora María Eugenia en su finca. Llegamos alrededor de las 8:30 a.m. y mientras esperábamos a que llegaran más participantes, Alejandra y yo aprovechamos para recorrer el lugar.

Nos sorprendió ver cómo tenía las gallinas sueltas, pastoreando libremente, algo que ya no es tan común en muchas fincas. Además, tenía marranos congo, que son nativos de la región y que Corambiente busca rescatar porque con el tiempo se han ido perdiendo. También había patos y hasta una guacamaya, lo que hacía que la finca se sintiera llena de vida. Desde allí, la vista era increíble: se podía ver toda Floridablanca y Bucaramanga, lo que le daba un encanto especial al lugar.

Más allá de lo bonito del entorno, lo que realmente me hizo sentir bien fue volver a campo después de dos meses sin salir. Extrañaba mucho estas visitas, el contacto con la gente, ver cómo viven y aprender de ellos. Sentí como si retomara un ritmo que ya necesitaba.

Otra cosa que me sorprendió y me gustó mucho fue que, mientras organizábamos los materiales, vi que en un tablero de la finca la señora María Eugenia había escrito: Bienvenides todes. Fue un detalle que me dejó pensando, porque demuestra que estas personas están abiertas a nuevos temas, como el lenguaje inclusivo y los temas de género. Ver ese gesto en un espacio rural, donde a veces estos temas pueden ser más difíciles de abordar, me dio esperanza y me motivó aún más. 


Las actividades comenzaron alrededor de las 9:30 a.m. con un saludo inicial y la presentación del equipo que estaba presente. Después de este recibimiento tan cálido, Ricardo Eslava tomó la palabra para hablar sobre un nuevo proyecto que se va a implementar en Floridablanca: el Indicador de Agroecología. Mientras Ricardo hablaba, se notaba el gran interés de los participantes. Todos estaban muy atentos, escuchando con curiosidad y haciendo preguntas.

Algo que nos sorprendió fue la cantidad de gente que asistió al taller. Inicialmente esperábamos alrededor de 20 personas, pero terminaron llegando unas 40. Esto se debió, en parte, a la llegada de nuevas personas traídas por doña Magally de Santa Bárbara y el señor Miguel. A pesar de ser su primera vez en el espacio, se integraron de inmediato y participaron activamente, lo que hizo que la dinámica del grupo fuera muy enriquecedora.

Algo que también vale la pena destacar es que la mayoría del grupo está conformado por personas de la tercera edad. Sin embargo, lejos de ser un obstáculo para su participación, demostraron un gran interés y energía en todas las actividades. 

Cuando terminó la intervención de Ricardo Eslava, nos preparamos para continuar con el taller. Sin embargo, el señor Miguel sugirió que nos presentáramos nuevamente para que las nuevas personas pudieran conocernos mejor. Me pareció un gesto muy acertado, ya que ayuda a fortalecer la confianza y el sentido de comunidad dentro del grupo.

Alrededor de las 10:00 a.m. comenzamos el taller con Alejandra. Mientras Ricardo Eslava hablaba, nosotras aprovechamos para hacer más refranes para la actividad, ya que con la llegada de tantas personas necesitábamos más material.

El taller inició con una actividad rompehielo basada en refranes. La dinámica consistía en que cada persona tomaba un papel con la mitad de un refrán y tenía que encontrar a su pareja, es decir, la persona que tenía la otra mitad. Una vez juntas, debían discutir el significado del refrán y relacionarlo con la agroecología.

Apenas repartimos los papelitos, el grupo se llenó de energía. Las personas comenzaron a gritar la mitad de su refrán, tratando de encontrar rápidamente a su pareja. Fue divertido ver cómo iban de un lado a otro, riendo y conversando mientras intentaban completar su refrán. Se notaba que la actividad les gustó mucho, por la forma en la que se reían e interactuaban .

Cuando todos encontraron a su pareja y discutieron su refrán, nos reunimos nuevamente en grupo para socializar las reflexiones. Fue un momento muy enriquecedor, porque cada uno le daba un nuevo significado a su refrán, conectándolo con sus experiencias y con la agroecología. Además, entre risas y conversaciones, se creaba un ambiente de confianza.

Un caso particular que ocurrió fue que un señor nuevo no sabía leer. Sin embargo, el señor Miguel se aseguró de incluirlo en la actividad y hacerlo sentir parte del grupo, ayudándolo a leer su refrán y buscándole su pareja. 


Fotogalería

Antes de iniciar la siguiente actividad, hice una pequeña intervención en la que les pedí que me dijeran qué entendían por saberes ancestrales. Luego, compartí una reflexión sobre su importancia y, para reforzar el punto, les hablé del caso de la comunidad Chaná, donde lograron rescatar su idioma después de haber sido considerado una lengua muerta.

Después de esta introducción, pasamos a la actividad principal. Para formar los grupos, numeramos a los participantes del 1 al 4, dividiéndolos así en cuatro equipos. Cada grupo tenía la tarea de elaborar una cartelera en la que debían escribir recetas, formas de cultivo o tradiciones relacionadas con el maíz, plátano, cebolla larga y gallina. También incluimos algunas hierbas como la cúrcuma, menta, albahaca y jengibre, con el objetivo de que compartieran infusiones y usos medicinales de estas plantas.

Una vez organizados en sus grupos, todos se pusieron manos a la obra. Se notaba la emoción mientras discutían qué recetas incluir y qué costumbres compartir. El ambiente se llenó de comentarios como "El equipo 1 es el mejor", "No, el equipo 4 va a ganar", lo que mostró cómo poco a poco se fueron apropiando de la actividad y sintiéndose parte de sus equipos.

Un detalle que me llamó la atención fue que el señor que en la actividad anterior había estado un poco alejado, nuevamente parecía reservado. Sin embargo, su grupo se aseguró de incluirlo, haciéndole preguntas y dándole espacio para participar. Esto reafirmó algo que siempre noto en el grupo de Floridablanca: lo unidos y conversadores que son, lo que genera un ambiente cálido y acogedor.

Después de unos 20 minutos, socializamos las carteleras. Cada equipo compartió sus recetas, costumbres y formas de cultivo, y la conversación se enriqueció aún más cuando comenzaron a hablar sobre cómo los alimentos pueden usarse como medicina. Compartieron consejos y beneficios de distintos ingredientes, lo que hizo que la actividad fuera aún más valiosa.

A pesar de que el compañero Ricardo Meneses tuvo que apurarnos un poco porque ya se nos estaba haciendo tarde, logramos cerrar el taller de la mejor manera. Fue hermoso ver lo felices que estaban mientras trabajaban en la cartelera y conversaban entre ellos. Al ser el primer taller del año, se notaba que se habían extrañado, lo que también hizo que hablaran mucho y, en algunos momentos, fuera un reto darles instrucciones porque querían extenderse en sus conversaciones. Sin embargo, esa misma energía y entusiasmo hicieron que la jornada fuera muy especial.

Una vez socializado el contenido de las carteleras, la compañera Alejandra aprovechó para mencionar algunas propiedades de los alimentos que se habían discutido. Sin embargo, como el tiempo era limitado, tuvo que hacerlo rápidamente. Aun así, la gente siguió participando activamente, haciendo preguntas y compartiendo consejos sobre cómo utilizar esos alimentos de manera efectiva  

Alrededor de las 11:30, el compañero Ricardo Meneses tomó la palabra para hablar sobre la importancia de desarrollar estrategias de adaptación al cambio climático, especialmente ante la llegada del fenómeno de La Niña este año. Explicó cómo este fenómeno podría afectar los suelos y los cultivos, y qué medidas pueden tomarse para minimizar su impacto. Mientras hablaba, los participantes mostraban mucho interés, asentían y compartían sus propias experiencias sobre los cambios en el clima y cómo estos han afectado sus cosechas.

Después de la explicación, nos dirigimos al lugar donde se llevaría a cabo la actividad práctica. Sin embargo, antes de empezar, una señora nueva tuvo que retirarse. Antes de irse, comentó que hubiera preferido que la actividad práctica se hiciera primero, ya que le habían informado que el taller terminaba a las 12 y tenía otro compromiso. Esto nos dejó una lección importante para futuras sesiones: organizar mejor el orden de las actividades para que quienes tengan menos tiempo puedan aprovechar la parte más práctica.

Una vez en el sitio, iniciamos con la construcción de una terraza diseñada para retener agua y drenar el excedente en épocas de lluvias intensas. Desde el principio, la actividad despertó un gran interés entre los participantes. Muchos de ellos querían involucrarse activamente, algunos incluso tomaban herramientas sin esperar indicaciones y comenzaban a trabajar con entusiasmo. Las personas nuevas también se integraron rápidamente, haciendo preguntas y tomando notas sobre la técnica utilizada. 

A pesar del intenso sol y el cansancio que empezaba a sentirse, logramos terminar la actividad con éxito. Mientras trabajábamos en la terraza, surgió una conversación sobre Corambiente y sus diversas iniciativas en la región. Se habló sobre la importancia de la agroecología como un camino para enfrentar los cambios climáticos y fortalecer la soberanía alimentaria. Además, se socializó la política de salvaguardas, haciendo énfasis en la importancia de que estos talleres sean espacios seguros, donde todos puedan participar sin miedo a la discriminación, la violencia o comentarios misóginos.

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