Olla comunitaria. Vereda Zaragoza- Piedecuesta

10.04.2025

En esta ocasión, contamos con la valiosa compañía de la ingeniera agroecológica Valentina Curcio, quien asistió en representación del compañero Ricardo Meneses. Ricardo, debido a un quebranto de salud, no pudo asistir personalmente al encuentro, por lo que solicitó a Valentina el favor de apoyar el desarrollo del taller, especialmente en los aspectos logísticos y de acompañamiento general. Junto a Valentina también nos acompañaron Iván, la practicante de nutrición Karen, y Brayan, el conductor de la Corporación Corambiente, quien siempre facilita los desplazamientos con disposición y compromiso.

Apenas llegamos a la finca donde se desarrollaría la jornada —la cual pertenecía a una nueva participante invitada por Angélica—, nos recibió doña Orfa junto con Salvador. Ambos habían llegado acompañados de tres personas nuevas, entre ellas un señor proveniente de Rionegro, Antioquia, quien nos compartió que poseía una finca agroecológica en su tierra natal. Él se encontraba de paso por Bucaramanga y, al enterarse de esta actividad, quiso unirse para compartir sus saberes y conocer las experiencias que se construyen en estos espacios de formación y encuentro comunitario. Esta participación espontánea y diversa enriqueció aún más la jornada. En total, asistieron 23 personas, una excelente asistencia que refleja el interés continuo de la comunidad en los procesos de formación en agroecología.

El taller inició con una ronda de bienvenida en la que agradecimos la presencia de todos y explicamos brevemente la razón por la cual el compañero Ricardo no había podido acompañarnos. Asimismo, se presentaron los temas que trataríamos durante el encuentro y se destacó la importancia del trabajo colectivo y del intercambio de saberes para avanzar en la construcción de una comunidad más fortalecida y comprometida con la agroecología.

Inicialmente habíamos planificado realizar una dinámica rompehielos utilizando una bola de lana, que se pasaría entre los participantes para que cada quien se presentara mientras tejíamos una red simbólica de conexión. Sin embargo, al intentar lanzar la bola, esta se nos fue hacia atrás, lo que dificultó el desarrollo de la actividad. Este pequeño percance nos llevó a replantear la dinámica, lo cual fue resuelto de manera rápida gracias a la sugerencia de Valentina. Ella propuso cambiarla por una actividad que ayudara a fortalecer la memoria y la atención de los y las participantes.

La nueva dinámica consistía en que cada persona debía presentarse diciendo su nombre y, antes de ello, repetir los nombres de los compañeros que ya se habían presentado antes que él o ella. Esta sencilla actividad generó un ambiente de risa, atención y cercanía entre los presentes. Aunque dos hombres prefirieron no participar en esta dinámica, la mayoría del grupo se mostró muy dispuesto, esforzándose por recordar los nombres y fomentando un ambiente más relajado y de confianza.

Posteriormente, Salvador, quien además de ser participante es también profesor, nos pidió un espacio para realizar una pequeña actividad física. Su propuesta consistía en que todos los presentes lo imitaran mientras él realizaba diversos movimientos. Esta intervención fue muy bien recibida y generó un ambiente de alegría y dinamismo. Todos los asistentes participaron con entusiasmo, lo que ayudó a que el grupo se sintiera más suelto y preparado para continuar con el resto de las actividades del día. La intervención de Salvador no solo rompió la tensión inicial, sino que también favoreció la integración del grupo y el bienestar físico, algo fundamental en espacios de trabajo prolongados.

Taller Piedecuesta

Después de este primer momento de integración y preparación del grupo, el compañero Iván Velasco retomó la conducción del taller para compartir sus conocimientos sobre una importante técnica agrícola: el injerto. Con claridad y paciencia, Iván comenzó explicando en qué consiste esta práctica, subrayando que se trata de una técnica que busca unir dos partes de plantas diferentes para que funcionen como un solo organismo. Por un lado, está el portainjerto, que constituye la base y proporciona el sistema radicular (raíces), el cual debe ser fuerte, resistente a enfermedades y adaptado a las condiciones del suelo. Por otro lado, se encuentra el injerto propiamente dicho, es decir, la parte superior de la planta que se injerta y que será la encargada de producir los frutos deseados.

Iván enfatizó los múltiples beneficios que esta técnica aporta a la agricultura, especialmente en contextos agroecológicos. Entre ellos, destacó la posibilidad de mejorar la calidad de los frutos, incrementar la resistencia de los cultivos frente a plagas y enfermedades, así como permitir la adaptación de las plantas a diferentes condiciones climáticas. Esta técnica, por tanto, no solo optimiza la producción, sino que también se alinea con los principios de sostenibilidad y resiliencia que caracterizan a la agroecología.

Lo más enriquecedor de esta parte del taller fue el intercambio de saberes que se generó de manera espontánea entre los participantes. En particular, se destacó la participación de uno de los nuevos asistentes, un productor de aguacates proveniente de Rionegro, Antioquia. Al tener experiencia directa en la implementación de injertos en su finca, este participante no solo se mostró muy interesado en la explicación de Iván, sino que también complementó la charla con ejemplos concretos y aportes desde su propia práctica, lo cual fue muy valorado por el grupo. A su vez, otro de los participantes, quien ya venía adelantando un proceso agroecológico bastante avanzado en su parcela, compartió algunas de sus experiencias con cultivos similares, generando así un diálogo muy nutritivo entre saberes técnicos y conocimientos campesinos.

Para esta jornada, se llevaron al taller una mayor cantidad de árboles cítricos y de aguacate, lo que permitió que cada participante tuviera la oportunidad de poner en práctica la técnica aprendida. Con la orientación cercana de Iván, los asistentes realizaron su propio injerto paso a paso, lo que les permitió no solo observar, sino también experimentar por sí mismos el procedimiento. Fue evidente el entusiasmo, la curiosidad y las ganas de aprender por parte de los participantes, quienes se mostraron muy motivados durante toda la actividad.

Ver cómo cada persona se apropiaba del proceso, preguntaba, corregía sus errores y se animaba mutuamente fue una experiencia muy satisfactoria. Estos momentos de aprendizaje colectivo son claves en el fortalecimiento de las capacidades técnicas de las comunidades, y a la vez refuerzan el espíritu colaborativo y de solidaridad que caracteriza a los procesos comunitarios en agroecología. 

Olla comunitaria 

A continuación, se dio inicio a la preparación de la olla comunitaria, un momento muy especial dentro de cada uno de nuestros encuentros, ya que no solo representa la unión de esfuerzos y saberes alrededor de los alimentos, sino que también permite fortalecer los lazos entre los participantes a través del trabajo colectivo, esto fue parte de la pequeña reflexión que se realizó al principio de la actividad. Al igual que en la jornada realizada en Floridablanca, uno de los primeros pasos fue cocinar las gallinas, lo cual generó una rápida reacción por parte de varias mujeres del grupo que, apenas llegamos, se ofrecieron a comenzar con la preparación. Este gesto evidencia la arraigada costumbre que tienen muchas de ellas de encargarse de inmediato de la cocina, y cómo este espacio compartido también representa una forma de expresión de su saber y su rol dentro de las dinámicas comunitarias.

Las tareas se distribuyeron de manera orgánica y colaborativa entre mujeres y hombres, lo cual fue muy gratificante de observar. Algunas personas se dedicaron a pelar y picar las verduras como la yuca y la papa, otras se encargaron de preparar la masa para las chorotas, alguien más organizó la preparación de la limonada y, por supuesto, no faltaron quienes estuvieron al tanto de la olla principal, asegurándose de que todo se cocinara correctamente. Ver cómo cada quien asumía una labor, sin necesidad de instrucciones, nos permitió evidenciar el sentido de cooperación y corresponsabilidad que se ha ido consolidando en estos espacios.

Durante esta jornada, sin embargo, nos vimos en la necesidad de apresurar un poco el desarrollo del taller de injertos guiado por Iván, ya que el tiempo avanzaba rápidamente y el almuerzo debía estar listo en una hora determinada. A pesar de este pequeño contratiempo logístico, todo el grupo mostró disposición para colaborar y sacar adelante la preparación de los alimentos.

En cuanto a las chorotas, en esta ocasión la preparación fue un poco diferente a la realizada en Floridablanca. La masa se elaboró únicamente con maíz molido (molido una sola vez), al cual se le agregó sal y habas. Luego, con agua, se fue amasando poco a poco hasta lograr una consistencia adecuada para formar las bolitas características de esta receta tradicional. No obstante, surgió un interesante intercambio de ideas cuando la señora encargada de ayudar con la masa —una amiga cercana de doña Orfa— comentó que, en su experiencia, la preparación debía hacerse de otra manera. Por su parte, la anfitriona del encuentro también tenía su forma particular de hacerlas. Este pequeño cruce de opiniones no generó tensiones, sino que más bien permitió poner en evidencia cómo cada persona, según su origen, costumbre o aprendizaje, tiene una forma particular de cocinar, y que en esos matices se encuentra la riqueza de la cocina campesina tradicional. Finalmente, el relleno elegido para esta versión de las chorotas fue de carne molida con guiso, lo cual fue muy bien recibido por los asistentes.

Mientras todo esto sucedía y la olla comenzaba a tomar forma, el compañero Anderson solicitó un espacio para hablar con el grupo sobre un asunto urgente que preocupaba a varias personas de la comunidad: la posible instalación de galpones en la zona. Anderson explicó que pronto llegarían algunos representantes de la organización Comunes para ofrecer una charla al respecto y evaluar posibles acciones colectivas. Le propusimos que, una vez se terminara de cocinar el almuerzo y se organizara la comida, se realizaría dicho encuentro, para garantizar la atención y participación de todas las personas interesadas.



Una vez terminada la preparación de la olla comunitaria y mientras nos organizábamos para compartir el almuerzo, llegaron al lugar algunos representantes del partido político Comunes. Su intención inicial era dialogar con la comunidad sobre una problemática que ha generado gran preocupación en las veredas: la proliferación de galpones industriales, cuya instalación ha comenzado a afectar negativamente el territorio, especialmente en lo relacionado con la contaminación del agua, un recurso vital para la vida y la producción agrícola local.

En un primer momento, valoramos y agradecimos la iniciativa de acercarse a la comunidad y mostrar interés por una situación tan crítica. Sin embargo, a medida que la intervención avanzaba, comenzamos a notar que su enfoque no estaba centrado en construir colectivamente posibles soluciones frente a los galpones ni en escuchar las preocupaciones específicas de los asistentes. En su lugar, la conversación fue girando hacia una dirección más general, donde se formularon preguntas sobre dinámicas del territorio que no estaban necesariamente relacionadas con el motivo inicial del encuentro.

Además, su intervención se extendió más allá del tiempo acordado. Empezaron a tomar fotografías sin haber solicitado autorización previa y propusieron convocar una reunión formal en un futuro cercano, lo que dio pie a que algunas personas del grupo comenzaran a notar el trasfondo político-electoral de su presencia. Aunque varios participantes interactuaban con ellos con disposición y respeto, otras personas percibieron con claridad que las intenciones de fondo estaban alineadas con las campañas electorales que se aproximan el próximo año.

Desde el equipo de Corambiente, al darnos cuenta de la situación, comenzamos a discutir entre nosotros cómo actuar frente a lo que ya era evidente: el espacio que habíamos creado colectivamente para el aprendizaje agroecológico y el fortalecimiento comunitario estaba siendo utilizado con fines políticos ajenos a nuestra labor. En ese momento, tomé la decisión de intervenir con respeto, interrumpiendo la charla para agradecer la presencia de los representantes de Comunes y reconocer la importancia de acompañar los procesos organizativos del territorio. Sin embargo, también aclaré con firmeza que Corambiente es una organización no gubernamental y apartidista, y que nuestros procesos no están vinculados ni serán utilizados como plataformas de proselitismo o propaganda electoral.

Ante esta intervención, los miembros del partido agradecieron la aclaración, comprendieron nuestra posición y decidieron quedarse un poco más observando el desarrollo del taller sin intervenir nuevamente.

Este suceso nos deja aprendizajes importantes para el futuro. Es fundamental que desde el equipo fortalezcamos las estrategias de protección de los espacios comunitarios que acompañamos, asegurando que no sean instrumentalizados por actores políticos o externos con intereses ajenos a las metas del proceso. Apoyamos y valoramos profundamente que las comunidades participen activamente en espacios de diálogo, toma de decisiones y construcción colectiva del territorio. No obstante, es necesario garantizar que nuestros encuentros con las comunidades no se vean permeados, desviados o manipulados por agendas partidistas. 

Después de este pequeño inconveniente la practicante de nutrición Karen llevó a cabo una actividad enfocada en la importancia del aprovechamiento integral de los alimentos. Con los participantes organizados en forma de semicírculo, propuso un juego dinámico llamado tingo tanga. La dinámica consistía en pasarse una pelota entre ellos mientras sonaba la canción del juego, y cuando se decía "tango", la persona que la tenía debía responder una pregunta relacionada con el uso o aprovechamiento de alguna parte del alimento que Angie mencionaba, como la cáscara de una papa, el tallo del brócoli o las semillas de zapallo.

Esta actividad resultó ser muy enriquecedora y participativa. Todos se mostraron animados a compartir sus saberes y prácticas cotidianas en torno al uso de alimentos que comúnmente se desechan. Surgieron respuestas muy interesantes y diversas: algunas personas hablaban de cómo reutilizaban las cáscaras para hacer infusiones o dulces, otras mencionaron recetas típicas en las que incluían estos elementos, y también salieron a relucir conocimientos sobre medicina ancestral, como el uso de ciertas plantas o cáscaras para remedios naturales.


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