Salida de campo. Vereda la Judía- Floridablanca

11.09.2024

Se debía llegar a la corporación a las 6:30 de la mañana para partir en la camioneta hacia la vereda La Judía, en Floridablanca. En esta salida de campo estuve acompañada por Rosana, practicante de nutrición, junto con Ricardo Meneses y Jeferson. Antes de llegar a La Judía, hicimos una parada en un mirador para tomar una aromática y disfrutar del paisaje. A pesar de lo temprano que era, me sentía llena de energía, aunque también un poco nerviosa, ya que era mi primera salida de campo y no estaba segura de cómo debía comportarme o qué se esperaba de mí. Sin embargo, estoy muy agradecida con mis compañeros, quienes me ayudaron a sentirme cómoda y hicieron de esta primera experiencia algo muy agradable. 

Apenas llegamos, las personas anfitrionas nos recibieron con un desayuno de caldo con carne y arepa de maíz, brindándonos una bienvenida muy cálida y amable. Mientras desayunábamos, llegaron las compañeras y compañeros que faltaban, mencionando cómo las fincas están muy alejadas unas de otras, pero que entre ellos se ayudaron para desplazarse.

Lo primero que hicimos al estar todos reunidos fue construir una mándala con diversas semillas y alimentos que las mujeres habían traído de sus fincas, para luego realizar un intercambio. Lo que más me sorprendió fue la semilla de girasol, era extremadamente grande. La mándala me pareció algo muy hermoso y significativo, sabiendo que cada alimento había sido cosechado por las mujeres en sus huertas, aunque algunas frutas las habíamos traído nosotros desde Bucaramanga.

Antes de reunirnos alrededor de la mándala, las compañeras y compañeros comenzaron a saludar a Ricardo Meneses, se nota el gran aprecio y agradecimiento que estas personas le tienen a la corporación, en especial a Ricardo,  a quien llaman "profesor". Comentaban que hacía dos meses que no se encontraban y mencionaron que habían extrañado los talleres, los cuales no se realizaron debido a varios eventos que tuvo la organización en los meses anteriores.

Este grupo es bastante diverso; en este taller participaron 6 hombres y alrededor de 16 mujeres. Se observó que todos tenían un vínculo muy cercano, no había separación entre ellos, siempre trataban de hablar en conjunto, mientras contaban chistes, lo que reflejaba su gran cercanía. Me sentí especialmente cómoda, porque todo se sentía como estar en un gran grupo de amigos. También pude observar como había bastantes vínculos familiares en este grupo, el más destacado fue el de un señor con su madre, llegaron a contar historias familiares. A lo largo de la jornada llegaron dos personas que fueron invitados por algunos miembros del grupo. 

Taller de nutrición

La compañera Rosana comenzó con una actividad rompehielos. Primero, dividió al grupo en dos equipos. El juego consistía en pasarse una camisa entre los participantes y luego recoger unos papelitos del piso que tenían escritos algunos platos típicos de la región. Después, cada equipo debía identificar los alimentos necesarios para preparar esos platos y buscar los ingredientes correspondientes. Los participantes estaban muy felices y se mostraban muy interesados en el juego. Entre todos lograron armar las recetas a la perfección, y si algo faltaba, se iban retroalimentando entre ellos.

La siguiente parte del taller comenzó con algunas preguntas sobre qué es un alimento ancestral y qué significa la agroecología. Todos participaron, compartiendo sus nociones y lo que sabían sobre el tema. El taller se centraba en el maíz como alimento ancestral y en la importancia de recuperar las recetas tradicionales que se preparan con este delicioso ingrediente. A medida que la compañera Rosana hablaba sobre diversas recetas, las mujeres compartían cómo las preparaban, intercambiando ideas y consejos. La anfitriona comentó que la arepa que estábamos comiendo había sido hecha con maíz cultivado por unos vecinos que se lo regalaron, y explicó que su preparación llevó varios días.

Esta actividad tenía como objetivo demostrar la importancia de recuperar los saberes de nuestros antepasados, la manera en que ellos preparaban sus alimentos y la relevancia de transmitir estos conocimientos a las nuevas generaciones para que no se pierdan estas valiosas costumbres.

Durante el taller, me di cuenta de que, para fomentar la participación de las personas, es importante abordar temas con los que se sientan familiarizados o hacerlo de una manera que puedan vincularlo con su vida cotidiana. Esta actividad tuvo una gran acogida; todos estaban felices, hablando, opinando y hasta intercambiando recetas. De vez en cuando, Ricardo Meneses también participaba, lo que reflejaba la comodidad que todos sienten con él.

Taller de trampas y conteo de insectos

Durante esta actividad se instalaron cuatro trampas para atrapar y contar insectos. Todos los participantes tomaban fotos y anotaban lo que Ricardo explicaba, lo que mostraba el verdadero interés que tenían en la actividad. Cada trampa debía ser cuidada por una persona diferente, y aunque todos participaban, era evidente que algunas personas estaban más interesadas que otras.

La charla no se limitó solo a las trampas; Ricardo también fue introduciendo reflexiones sobre la agroecología y, sobre todo, sobre la importancia de reconocer y romper los roles de género. En un momento, la conversación giró hacia la necesidad de que las mujeres conozcan sus derechos y se opongan a todo tipo de maltrato. Las mujeres secundaron estas ideas, demostrando un profundo conocimiento sobre el tema. Me pareció muy significativo cómo Ricardo no se limita a hablar de agroecología, sino que también fomenta el pensamiento crítico y reflexivo en las comunidades sobre cuestiones de género, lo cual fue muy bien recibido por todos.

En un momento, Ricardo sugirió que nos pusiéramos de pie para estirarnos y darnos un abrazo entre todos. Este gesto me pareció precioso, ya que todos estaban felices de compartir abrazos y vivir un momento tan íntimo. Ricardo también enfatizó que los hombres debían abrazarse entre sí, destacando que no había nada de malo en ello. Esta sugerencia fue acogida con la mejor disposición.

Final de la jornada

Para finalizar la jornada, preparamos entre todos un pincho de frutas, en el que cada persona colaboró. Fue una actividad muy amena, llena de comida, conversación y disfrute. Me sentí extremadamente acogida por este grupo de personas, que transmiten una energía muy linda. Al finalizar, Ricardo repartió unas semillas, y como no había suficientes sobres para todos, algunos tuvieron que compartirlas. Esto reflejó la gran cohesión del grupo, siempre dispuestos a ayudarse mutuamente.

Fotos

Solo me queda agradecer por esta gran oportunidad de convivir con personas tan maravillosas, de vivir nuevas experiencias y adquirir tantos conocimientos. Agradezco profundamente a mis compañeros de Corambiente, quienes han hecho de estas prácticas una experiencia tan agradable, brindándome su apoyo y cariño. 
Prácticas profesionales de trabajo social- 2024
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